Estructura atómica
QUÍMICA¿Cómo se puede saber de qué está hecha una estrella sin haber ido nunca? La respuesta está en su luz, y tirando de ese hilo se llega hasta dentro del átomo. En esta unidad vas a hacer ese camino: de las rayas de colores de una llama al átomo de Bohr, de la órbita al orbital, y de ahí a los cuatro números que describen cada electrón y a la configuración de cualquier átomo.
04Los números cuánticos
- Teoría

Los números cuánticos: ¿dónde está el electrón?
15:56Qué es dar los números cuánticos de un electrón y de dónde sale cada uno: n con Bohr, l con Sommerfeld, m con el efecto Zeeman y el espín s. Y por qué en cada subnivel caben 2, 6, 10 o 14 electrones.
06Las tres reglas
- Teoría

Configuración electrónica: las tres reglas de llenado, paso a paso
16:56Por qué no van todos los electrones al 1s: Pauli, Hund y el principio de mínima energía, con el diagrama de las diagonales y la regla n + l. Después, paso a paso: el magnesio con su abreviada y sus electrones de valencia, el circonio y sus desapareados, y cuándo un átomo es paramagnético o diamagnético (cinc y galio). Para practicar: el antimonio.
07Excepciones, iones y magnetismo
- Teoría

El cromo y el cobre: por qué no siguen el diagrama
10:15En el cromo y el cobre la configuración que se mide tiene un electrón menos en el 4s y uno más en el 3d. Por qué ocurre, qué cambia en sus desapareados, cómo se justifica en la PAU y otras excepciones del libro (plata, paladio, platino y el wolframio, que no la sigue). Para practicar: el oro.
08La pregunta de los números cuánticos
- Problema

¿Es posible este conjunto de números cuánticos?
7:16Comprueba si son posibles (1, 1, 0, +½), (4, 0, 1, −½), (3, 1, 0, −1), (5, 3, −3, +½) y (4, 2, −2, +½). Si uno falla, di cuál y por qué.
- Problema

El electrón diferenciador y el más externo: sus números cuánticos
11:48Da los valores posibles de los números cuánticos de un electrón 5p. Después, los del electrón diferenciador y del más externo del itrio (Z = 39): ¿coinciden? Y para practicar: el indio, y si un electrón 4d puede tener (4, 3, 0, +½).
- Problema

¿Fundamental, excitada o imposible? Regla a regla
13:43Cómo se decide el tipo de una configuración con tres preguntas, siempre en el mismo orden: ¿incumple Pauli o usa un subnivel que no existe?, ¿deja un subnivel de menos energía incompleto?, ¿incumple la regla de Hund? Seis configuraciones resueltas y cuatro para practicar, con la solución en la descripción del vídeo.
00¿Qué te traes de 1º de Bachillerato?
Los números que identifican a un átomo y cómo se reparten sus electrones: lo que conviene tener fresco antes de empezar.
¿Qué te traes de 1º de Bachillerato?
Los números que identifican a un átomo y cómo se reparten sus electrones: lo que conviene tener fresco antes de empezar.
Esta unidad arranca donde lo dejaste en 1º de Bachillerato. Antes de meterte con la luz de los átomos, conviene tener frescas dos cosas que vas a usar sin parar:
- Los números del átomo. Z, A, cuántos neutrones y cuántos electrones tiene, también cuando es un ion.
- La configuración electrónica. En qué orden se colocan los electrones y cómo se escribe.
Si al leerlas piensas «esto ya lo sé», baja directamente a los dos simuladores del final y compruébalo.
Z, A e iones: los números de un átomo
Dos números bastan
Un átomo tiene un núcleo, con protones y neutrones, y una corteza, con electrones. Para describirlo hacen falta solo dos números:
- Número atómico, Z. Los protones. Es lo que identifica al elemento: si cambia Z, cambia el elemento.
- Número másico, A. Protones más neutrones. De ahí salen los neutrones: N = A − Z.
En un átomo neutro hay tantos electrones como protones: el sodio tiene 11.
Un ion cambia los electrones, nunca los protones
Un ion es un átomo que ha ganado o perdido electrones. Si los pierde, queda con carga positiva y es un catión. Si los gana, queda con carga negativa y es un anión.
Un catión con carga +2 ha perdido dos electrones. No tiene dos protones más: con dos protones más sería otro elemento, y eso no pasa en ninguna reacción química.
La configuración electrónica
Los electrones se colocan por orden
Los electrones se reparten en subniveles, que se llaman s, p, d y f. En cada uno cabe un número fijo: 2 en un s, 6 en un p, 10 en un d y 14 en un f.
Se van llenando del de menos energía al de más, y el orden lo da el diagrama de las diagonales: se recorre cada flecha y se pasa a la siguiente.
1s → 2s → 2p → 3s → 3p → 4s → 3d → 4p → 5s → 4d → 5p → 6s → 4f → 5d → 6p → 7s → 5f → 6d → 7p
El 4s va antes que el 3d
Lo que más choca la primera vez es que el orden no sigue los números. El 4s se llena antes que el 3d: el calcio acaba en 4s², y el escandio, que tiene un electrón más, lo pone ya en el 3d.
Sc (Z = 21): 1s² 2s² 2p⁶ 3s² 3p⁶ 4s² 3d¹
Por qué pasa esto, y las tres reglas que hay detrás del diagrama, lo verás en el bloque 6 de esta unidad.
La configuración se escribe en el orden de llenado y con todos los electrones. Antes de darla por buena, suma los superíndices: tienen que dar Z.
Partículas e iones
Ocho especies nuevas en cada ronda: del símbolo con A, Z y carga a los protones, neutrones y electrones, y al revés.
Trabaja: número atómico, número másico e iones
Configuraciones electrónicas
Ocho cuestiones con elementos nuevos en cada ronda: escribir configuraciones, sacar la capa de valencia y reconocer los que acaban en d.
Trabaja: configuración electrónica y orden de llenado
01¿Cómo sabemos de qué está hecha una estrella sin haber ido nunca?
Cada elemento emite y absorbe unos colores fijos, su huella. Con ella se leyó de qué está hecho el Sol.
¿Cómo sabemos de qué está hecha una estrella sin haber ido nunca?
Cada elemento emite y absorbe unos colores fijos, su huella. Con ella se leyó de qué está hecho el Sol.
Nadie ha ido nunca a una estrella a por una muestra. Y aun así sabemos de qué están hechas. La pista está en su luz.
Este bloque cuenta cómo se aprendió a leerla, en cuatro pasos:
- La apuesta de Comte. Un filósofo aseguró que eso no se sabría nunca, y la prueba ya estaba impresa.
- Una llama que casi no se ve. Bunsen y Kirchhoff descubren que cada elemento tiene sus colores.
- Los tres espectros. Continuo, de emisión y de absorción, y un experimento que salió al revés.
- El helio. Un elemento que se encontró en el Sol antes que en la Tierra.
La apuesta que Comte perdió
Lo que nunca sabríamos
En 1835, el filósofo francés Auguste Comte puso un ejemplo de algo que la humanidad no llegaría a saber jamás: de qué están hechas las estrellas.
No lo dijo a la ligera. Separó con cuidado lo que sí se podría averiguar y lo que no:
- Sí: su forma, su distancia, su tamaño y sus movimientos.
- Nunca: su composición química ni su temperatura.
Con la primera lista acertó de pleno. La segunda se le vino abajo veinticuatro años después.
Las rayas que nadie sabía leer
Lo curioso es que la prueba ya existía. Entre 1814 y 1817, el óptico bávaro Joseph von Fraunhofer, que fabricaba lentes y prismas, hizo pasar la luz del Sol por una rendija y un prisma.
Encontró los colores cortados por cientos de rayas oscuras, y catalogó 574. A las más marcadas les puso letras, de la A a la K. La D, en el amarillo, se sigue llamando así.
Fraunhofer vio las rayas, pero no supo qué eran. Nadie lo sabía todavía.
Heidelberg, 1859: una llama que casi no se ve
La idea salió de la Universidad de Heidelberg, donde coincidían un químico, Robert Bunsen, y un físico trece años más joven, Gustav Kirchhoff.
Un mechero para no ver la llama
Bunsen había encargado un mechero nuevo, y no para calentar más. Lo quería para no ver la llama.
Las llamas de la época eran amarillentas y soltaban hollín. Esa luz propia, de todos los colores, tapaba el color que da una sal al echarla al fuego.
El mechero de Bunsen mezcla el gas con aire antes de quemarlo, y la llama queda azul, caliente y casi invisible. Con ese fondo limpio se ve algo muy claro: cada sal colorea la llama de su color, y siempre del mismo.
- Sodio, el de la sal de mesa: amarillo intenso.
- Cobre: verde azulado.
- Calcio: rojo anaranjado.
Un prisma delante de la llama
A simple vista, el método tiene un problema. El color de la llama es la mezcla de todo lo que arde en ella, y el amarillo del sodio es tan fuerte que tapa lo demás.
Kirchhoff y Bunsen lo resolvieron poniendo un prisma delante. Su aparato, el primer espectroscopio, lo montaron casi con chatarra: una caja de madera, dos catalejos viejos y un prisma.
Mirada a través del prisma, la llama ya no es un color: son rayas brillantes en posiciones fijas, que se cuentan y se miden una a una. Se pasa de «esto tira a amarillo» a «hay una raya en 589 nanómetros: hay sodio».
Pruébalo en el simulador: elige una sal, mira de qué color arde y cómo son sus rayas en el espectroscopio.
Ensayo a la llama
Elige una sal, mírala arder y observa su espectro: las rayas de cada elemento, las bandas de algunas moléculas y la lupa sobre las dos rayas del sodio.
Trabaja: espectros de emisión y ensayos a la llama
Dos elementos nuevos, por sus rayas
Con ese aparato encontraron dos elementos que nadie había visto. Evaporaron cuarenta toneladas de agua mineral y, en lo que quedó, aparecieron rayas que no eran de ningún elemento conocido.
- Cesio, 1860. Por dos rayas azules: caesius es «azul cielo» en latín.
- Rubidio, 1861. Por dos rayas rojas: rubidus, «rojo oscuro».
Los dos llevan en el nombre el color de sus rayas.
Los tres espectros, que se deducen solos
El experimento que salió al revés
En octubre de 1859, Kirchhoff hizo el experimento decisivo. Sabía dos cosas: el Sol tiene rayas oscuras en el amarillo, las D de Fraunhofer, y el sodio de una llama da rayas brillantes justo en ese sitio.
Así que razonó: si la luz del Sol atraviesa una llama de sodio, la llama rellenará esos huecos con su luz, y las rayas oscuras desaparecerán.
Lo hizo. Y las rayas oscuras se oscurecieron todavía más.
Un gas absorbe exactamente los colores que es capaz de emitir. Las rayas D oscuras del Sol son sodio de su atmósfera, que se traga esa luz al pasar. Hay sodio en el Sol.
Comte no llegó a saberlo: había muerto dos años antes, en 1857.
Qué da cada fuente de luz
Con esa idea, el cuadro de los espectros sale solo. Todo depende de qué emite la luz y de qué atraviesa por el camino:
- Espectro continuo. Lo da un sólido o un líquido muy caliente, como el filamento de una bombilla: todos los colores, sin cortes.
- Espectro de emisión. Lo da un gas caliente y poco denso, como la sal en la llama o un tubo de neón: rayas brillantes sobre fondo negro.
- Espectro de absorción. Aparece cuando la luz de un continuo atraviesa un gas frío, como la del interior del Sol al cruzar su atmósfera: las mismas rayas, pero oscuras.
Cada gas, sus colores
Cada elemento tiene su propio juego de rayas, siempre el mismo. Es su huella, como un código de barras, y por eso basta con mirar la luz para saber qué hay.
La emisión y la absorción de un mismo elemento tienen las rayas en el mismo sitio: brillantes en un caso y oscuras en el otro.
El helio: un elemento descubierto en el cielo
El 18 de agosto de 1868, durante un eclipse total de Sol observado desde la India, el francés Jules Janssen apuntó su espectroscopio al borde del Sol.
Vio una raya amarilla muy cerca de las del sodio, a 587,6 nm. Pero no era la del sodio.
Dos meses después, el inglés Norman Lockyer la volvió a ver, ya sin eclipse, y concluyó que venía de un elemento desconocido. Lo llamó helio, de Helios, el Sol.
En la Tierra no se encontró hasta 1895, veintisiete años después. No solo se había aprendido a leer de qué están hechas las estrellas: allí se encontraban cosas antes que aquí.
¿Por qué cada átomo emite unos colores y no otros?
Es como si cada átomo tuviera una lista cerrada de colores permitidos. Explicar esa lista obligó a cambiar por completo la idea de átomo, y es lo que viene en el bloque siguiente.
02¿Cómo tiene que ser un átomo para emitir esos colores?
Thomson abre el átomo y Rutherford le encuentra un núcleo, pero su modelo tiene dos grietas que la física de la época no sabe cerrar.
¿Cómo tiene que ser un átomo para emitir esos colores?
Thomson abre el átomo y Rutherford le encuentra un núcleo, pero su modelo tiene dos grietas que la física de la época no sabe cerrar.
Cada átomo tiene su lista cerrada de colores. Para entender por qué, primero hay que saber cómo es un átomo por dentro, y entre 1897 y 1911 se dieron dos pasos enormes:
- Thomson, 1897. El átomo se puede romper: todos llevan electrones dentro.
- Rutherford, 1911. Casi toda la masa del átomo está en un núcleo diminuto.
- Las dos grietas. El átomo de Rutherford no podía existir, y él lo sabía.
Thomson, 1897: el átomo tiene piezas
Unos rayos que salen de cualquier metal
Si se hace el vacío en un tubo de vidrio y se aplica un voltaje alto entre dos electrodos, del polo negativo sale un haz que hace brillar el vidrio. Son los rayos catódicos.
En 1897, J. J. Thomson los desvió con cargas eléctricas y con imanes. Por el lado hacia el que se torcían, eran partículas con carga negativa.
Y por cuánto se torcían pudo medir la relación entre su masa y su carga. Le salió unas mil veces menor que la del ion más ligero que se conocía, el de hidrógeno.
Lo que de verdad cambió
Lo decisivo no fue la medida. Fue que daba igual de qué metal fuera el electrodo o qué gas quedara en el tubo: siempre salían las mismas partículas, con la misma relación entre masa y carga.
Thomson lo escribió así: eran «la sustancia a partir de la cual se construyen todos los elementos químicos». Hoy las llamamos electrones.
Todos los átomos llevan dentro lo mismo: electrones. El átomo no es indivisible, como pensaba Dalton. Tiene piezas, y esas piezas son iguales en todos los elementos.
Una esfera positiva con electrones dentro
Si el átomo es neutro y lleva cargas negativas, algo tiene que compensarlas. Thomson propuso una esfera de carga positiva repartida por todo su volumen, con los electrones dentro.
No era un modelo tosco. Los electrones giraban en anillos, y Thomson intentó sacar de esos anillos la periodicidad de la tabla. Era el modelo más trabajado de su tiempo.
Se le suele llamar «pudin de pasas», pero Thomson no usó nunca esa expresión. Apareció en 1906 en una revista británica de farmacia, en un texto sin firma, y se le quedó pegada.
En resumen
- Los rayos catódicos se desvían con cargas y con imanes: son partículas con carga negativa
- Salen iguales sea cual sea el metal o el gas del tubo
- Su relación entre masa y carga es unas mil veces menor que la del ion hidrógeno
- El átomo no es indivisible: todos llevan electrones
- Una esfera de carga positiva repartida, con los electrones dentro
- En conjunto, carga cero
- No explica por qué cada átomo emite solo unos colores: las rayas del bloque anterior
- Nadie había comprobado dónde estaba de verdad la carga positiva
Rutherford, 1911: un núcleo diminuto
El alumno que derribó a su maestro
Ernest Rutherford llegó de Nueva Zelanda al laboratorio de Thomson en 1895, con una beca. Dieciséis años después, el modelo que derribó fue el de su propio maestro.
Y no lo estaba buscando. En 1909 estudiaba las partículas alfa, que salen de los materiales radiactivos: tienen carga positiva, son muy rápidas y pesan unas 7300 veces más que un electrón.
Disparar contra los átomos
Sus ayudantes, Hans Geiger y Ernest Marsden, lanzaban partículas alfa contra un metal y contaban uno a uno los destellos que producían al llegar a una pantalla.
Con el átomo de Thomson, el resultado estaba cantado. La carga positiva está repartida por toda la esfera, así que una alfa solo recibe empujoncitos en todas direcciones, que casi se anulan. Tenía que pasar recta.
Lo que se esperaba: el átomo de Thomson
La carga positiva, repartida, solo da empujoncitos: todas pasan rectas.
Lo que se vio: hay un núcleo
Casi todas pasan lejos del núcleo; la que va casi de frente, rebota.
Casi todas pasaron, sí. Pero alguna se desviaba mucho, y con una placa de platino una de cada ocho mil volvía hacia atrás.
El modelo de Thomson no predecía pocos rebotes: predecía cero. La probabilidad de que una alfa dé media vuelta a base de empujoncitos sale con miles de ceros detrás de la coma. Uno de cada ocho mil no es un poco más de lo esperado: es incompatible con el modelo.
Qué tiene que haber dentro
Para que una partícula tan pesada y tan rápida dé media vuelta, tiene que chocar con algo que tenga mucha carga y casi toda la masa del átomo, y que esté concentrado en un espacio diminuto.
- Un núcleo. Reúne la carga positiva y casi toda la masa del átomo.
- Diminuto. Unas cien mil veces más pequeño que el átomo: por eso casi ninguna alfa se lo encuentra en el camino.
- Un átomo casi vacío. Los electrones giran alrededor, lejos, y apenas desvían a una alfa, que pesa miles de veces más.
Es el átomo que casi todo el mundo tiene en la cabeza: un sistema solar en miniatura. Y tenía un problema muy serio.
Las dos grietas del átomo de Rutherford
El núcleo era un hecho, pero el átomo de Rutherford no podía existir. Tenía dos grietas, y las dos las conocía el propio Rutherford.
Primera grieta: el átomo se derrumbaría
Es una cadena de tres pasos, y el que más se falla es el segundo:
- Una carga acelerada emite radiación. Es física clásica, y es lo mismo que produce los rayos X en un tubo.
- Un electrón que gira está acelerado. Aunque vaya siempre igual de rápido, cambia de dirección todo el rato.
- Radia, pierde energía y cae. Se acerca al núcleo, gira más deprisa, radia todavía más, y acaba en espiral contra él.
Un electrón que gira está acelerado aunque su velocidad no cambie de valor, porque cambia de dirección. Sin ese paso, la cadena no se sostiene.
El cálculo da que un átomo de hidrógeno así duraría 1,6·10⁻¹¹ s. En ese tiempo, la luz no recorre ni medio centímetro. Si Rutherford tuviera toda la razón, no habría átomos.
Segunda grieta: daría un arcoíris, no rayas
Mientras cae en espiral, el electrón gira cada vez más deprisa, y la luz que suelta va cambiando de color sin saltos. El átomo emitiría todos los colores seguidos: un espectro continuo, y además fugaz.
Lo que se ve desde 1859 son rayas fijas, distintas en cada elemento, como las del ensayo a la llama. El modelo no se equivoca por poco: predice justo lo contrario de lo que se observa.
Compruébalo en el simulador: suelta el electrón, míralo caer y fíjate en el color de la luz que va emitiendo.
El átomo que se derrumba
Suelta el electrón en el átomo de Rutherford y míralo caer en espiral mientras su luz barre del infrarrojo a los rayos X. Después, compáralo con el modelo de Bohr.
Trabaja: las dos grietas del modelo de Rutherford
Rutherford lo dejó escrito
Rutherford no escondió el problema. En su artículo de 1911 escribió que la estabilidad del átomo «no necesita ser considerada en esta etapa».
Dicho sin rodeos: él había demostrado que hay un núcleo, y el problema de que el átomo se sostuviera se lo dejaba a otro.
El danés al que Thomson no hizo caso
Ese otro fue Niels Bohr. Llegó a Cambridge en septiembre de 1911 para trabajar con Thomson, y le salió mal: para ganarse su atención le señaló errores en un trabajo suyo, y Thomson ni siquiera llegó a leer el de Bohr.
En marzo de 1912 se marchó a Manchester, con Rutherford. Allí se convenció del átomo con núcleo, y al año siguiente publicó el modelo que cerraba las dos grietas.
No fallaba solo el átomo: fallaba la física clásica entera. Las mismas leyes que explicaban la electricidad y la luz hacían imposible un átomo con núcleo.
En resumen
- Al atravesar una lámina fina, casi todas las alfa siguen rectas
- Alguna se desvía mucho, y hasta vuelve atrás: una de cada ocho mil con una placa de platino
- Un núcleo diminuto con la carga positiva y casi toda la masa
- Los electrones giran alrededor, en un átomo casi vacío
- Un electrón que gira radiaría y caería al núcleo en 1,6·10⁻¹¹ s
- Al caer daría un espectro continuo, no rayas
¿Cómo puede girar un electrón sin caer?
Para contestarla hubo que aceptar algo que ningún físico de 1900 quería oír: que la energía no se reparte de forma continua. Es lo que viene en el bloque siguiente.
03¿Por qué cada átomo emite unos colores y no otros?
La energía viene en paquetes. Bohr los mete dentro del átomo, y cada salto entre niveles da una raya.
¿Por qué cada átomo emite unos colores y no otros?
La energía viene en paquetes. Bohr los mete dentro del átomo, y cada salto entre niveles da una raya.
Rutherford dejó un átomo que no podía existir. Para arreglarlo hizo falta una idea que no venía de la química, sino de la física del calor y de la luz:
- La física en crisis. Hacia 1900, varios fenómenos no encajaban con ninguna ley conocida.
- La energía viene en paquetes. La idea de Planck y de Einstein que los resolvía.
- Bohr, 1913. Metió esos paquetes dentro del átomo, con tres postulados.
- Un salto, una raya. Por qué cada átomo emite unos colores y no otros, y hasta dónde llega el modelo.
La física en crisis
Dos nubes en 1900
A Lord Kelvin se le atribuye a menudo una frase: que en física ya no quedaba nada por descubrir, solo medir con más precisión. No la dijo nunca.
Lo que sí dijo, el 27 de abril de 1900 en la Royal Institution de Londres, es mucho más interesante:
«La belleza y la claridad de la teoría que explica el calor y la luz como formas de movimiento están hoy oscurecidas por dos nubes».
- La primera nube. El éter, el medio por el que se suponía que viajaba la luz y que nadie conseguía detectar. De ahí saldría la relatividad.
- La segunda nube. El reparto de la energía dentro de un cuerpo, que fallaba con el calor y con la luz. De ahí saldría la física cuántica.
Kelvin habló en abril. En diciembre de ese mismo año, Planck ya estaba despejando la segunda nube.
Tres cosas que no encajaban
Había tres fenómenos concretos que la física clásica no sabía explicar. El primero es justo la segunda nube de Kelvin, y el tercero ya lo conoces:
- La radiación de un cuerpo caliente. Todo cuerpo caliente brilla con un color que depende de su temperatura: rojo, naranja, blanco. La física clásica predecía que emitiría cada vez más energía hacia el ultravioleta, sin límite.
- El efecto fotoeléctrico. La luz arranca electrones de un metal, pero solo si su frecuencia supera un mínimo. Por debajo no sale ninguno, por intensa que sea la luz.
- Los espectros de rayas. Un gas caliente solo emite unos pocos colores concretos, como en el ensayo a la llama. Nada explicaba por qué esos y no otros.
La curva medida sube, llega a un máximo y vuelve a bajar. La predicción clásica coincide con ella a longitudes de onda largas, pero hacia el ultravioleta se dispara.
Tomada al pie de la letra, esa predicción decía que al abrir la puerta de un horno deberías recibir una lluvia de rayos X. Algo fallaba, y no era un detalle.
La energía viene en paquetes
Planck, 1900: un truco que no se creía
Max Planck encontró la fórmula que reproducía la curva medida. Pero para deducirla tuvo que suponer algo muy raro: que la energía no se intercambia de forma continua, sino en paquetes.
Cada paquete lleva una energía que depende de la frecuencia ν de la luz:
E = h · ν
La h es la constante de Planck, 6,63·10⁻³⁴ J·s. Como h es fija, cuanta más frecuencia, más energía lleva cada paquete.
Planck no se lo creía. Lo tomó como un truco matemático para que saliera la curva, y durante años trató de encajarlo en la física de siempre. Él mismo contó que había que encontrar una explicación «a cualquier precio».
Einstein, 1905: la luz está hecha de paquetes
Albert Einstein dio el paso que Planck no quiso dar. No es solo que la energía se intercambie en paquetes: la propia luz viaja en paquetes, los fotones, cada uno con una energía h·ν.
Con eso, el efecto fotoeléctrico se entiende solo. Cada fotón puede arrancar, como mucho, un electrón. Si no trae energía suficiente, no lo arranca, por muchos fotones que lleguen.
Más frecuencia, más energía por fotón. Una luz más intensa no lleva fotones más energéticos: lleva más fotones. Por eso un fotón violeta siempre tiene más energía que uno rojo.
En 1913, Planck todavía escribía que Einstein había «errado el tiro» con los cuantos de luz. Einstein recibió el Nobel de Física de 1921 precisamente por el efecto fotoeléctrico, y no por la relatividad.
Con números: el fotón amarillo del sodio
La luz se describe por su longitud de onda λ o por su frecuencia ν, ligadas por la velocidad de la luz: c = λ · ν, con c = 3,00·10⁸ m/s.
Como la energía de un fotón sale diminuta en julios, se usa también el electronvoltio: 1 eV = 1,60·10⁻¹⁹ J.
Bohr, 1913: los paquetes, dentro del átomo
Niveles con una energía fija
Niels Bohr juntó las dos cosas que tenía delante: el átomo con núcleo de Rutherford y los paquetes de Planck y Einstein. Y metió los paquetes dentro del átomo.
Su idea es que el electrón del hidrógeno no puede tener cualquier energía. Solo puede estar en unos niveles, cada uno con una energía fija, que se numeran con n = 1, 2, 3…
- La energía es negativa. El electrón está atrapado por el núcleo, y hay que darle energía para soltarlo.
- El cero es el electrón libre. Cuanto más alto es el nivel, más cerca está de cero y menos atado queda el electrón.
- Los niveles se van juntando. En el hidrógeno, el primero está a −13,6 eV. Del 1 al 2 hay 10,2 eV; del 2 al 3, solo 1,89.
Los tres postulados
Bohr lo planteó en tres postulados, que conviene saber enunciar tal cual:
- Órbitas estacionarias. El electrón gira alrededor del núcleo solo en ciertas órbitas circulares, llamadas órbitas estacionarias, en las que no emite energía.
- Solo algunas órbitas. Están permitidas solo las órbitas en las que el momento angular del electrón es un múltiplo entero de h/2π:m · v · r = n · h2πLa n es el número cuántico principal, y puede valer 1, 2, 3…
- Un salto, un fotón. El electrón solo emite o absorbe energía cuando salta de una órbita permitida a otra, en forma de un fotón cuya energía es la diferencia entre las dos:h · ν = E₂ − E₁E₂ es la energía de la órbita más alta, y E₁, la de la más baja.
Dos de los postulados cierran las dos grietas. El primero, la del derrumbe: en una órbita estacionaria el electrón no radia y no cae. El tercero, la de las rayas: energía fija, frecuencia fija, color fijo.
Bohr no demostró sus postulados. Los propuso porque con ellos salían las rayas del hidrógeno, y eso es lo que viene ahora.
Un salto, una raya
Cada raya es un salto
Cuando el electrón baja de un nivel a otro, suelta la diferencia de energía como un fotón. Como los niveles son fijos, la energía del salto es fija, y con ella su frecuencia y su color.
- De n = 3 a n = 2. Es el salto más pequeño de los cuatro: suelta 1,89 eV, un fotón rojo de 656 nm.
- Saltos más grandes. Más energía, y la raya se va hacia el azul y el violeta.
- Saltos que acaban en n = 1. Llevan tanta energía que su raya cae en el ultravioleta, y no se ve.
Pruébalo en el simulador: haz saltar al electrón y mira dónde cae su raya.
El átomo de hidrógeno y su espectro
Sube el electrón del hidrógeno con un fotón, déjalo caer de nivel en nivel y mira la raya que deja cada salto. Al final, compara tu espectro con el real.
Trabaja: modelo de Bohr y espectro del hidrógeno
Emisión y absorción, el mismo salto
El salto también funciona al revés. Un electrón que absorbe un fotón con justo esa energía sube de nivel, y en la luz que atraviesa el gas queda un hueco oscuro en el mismo sitio.
Es lo que vio Kirchhoff en el bloque 1: un gas absorbe exactamente los colores que es capaz de emitir. Con Bohr, por fin se sabe por qué.
Una raya del espectro es la huella de un salto entre dos niveles. Bohr no descubrió las rayas: descubrió por qué son rayas y no un espectro continuo.
Bohr no basta
Con el hidrógeno, el modelo funcionaba de maravilla: sus cuentas daban las rayas medidas con una precisión asombrosa. Pero enseguida aparecieron los problemas:
- Solo sirve con un electrón. Con el helio y con todos los demás átomos, las rayas no cuadraban.
- Una raya eran varias. Con espectroscopios mejores, algunas rayas resultaron ser dos o más, muy juntas.
- Un imán parte las rayas. Dentro de un campo magnético, una raya se separa en varias, y Bohr no tenía con qué explicarlo.
Fue un gran avance, pero incompleto. Arreglarlo obligó a añadir más números, y es lo que cuenta el bloque siguiente.
En resumen
- Los átomos existen y son estables
- Cada elemento emite y absorbe solo unos colores
- Las rayas del hidrógeno estaban medidas con mucha precisión
- El electrón solo puede estar en niveles de energía fija, en los que no radia
- Solo están permitidas las órbitas con m·v·r = n·h/2π
- Un salto entre niveles es un fotón: h·ν = E₂ − E₁
- Solo funciona con un electrón: falla con el helio y los demás
- Algunas rayas son varias muy juntas
- Un imán parte las rayas en varias
Si una raya son varias, ¿qué le falta al modelo de Bohr?
04¿Cuántos números hacen falta para describir un electrón?
Cada vez que se miraron mejor las rayas aparecieron más, y cada una obligó a añadir un número: n, l, m y s.
¿Cuántos números hacen falta para describir un electrón?
Cada vez que se miraron mejor las rayas aparecieron más, y cada una obligó a añadir un número: n, l, m y s.
Bohr explicaba las rayas del hidrógeno con un solo número, n. Pero cuanto mejor se miraban los espectros, más rayas aparecían, y cada tanda de rayas nuevas obligó a añadir otro número:
- Sobran rayas. Por qué importa dónde está el electrón y qué no cuadraba con Bohr.
- Sommerfeld y el número l. Las órbitas también pueden ser elipses.
- Zeeman y el número m. Un imán parte las rayas.
- El espín. Un cuarto número con solo dos valores.
- Los valores permitidos. Qué puede valer cada número, que es lo que pregunta la PAU.
Sobran rayas
Por qué importa dónde está el electrón
La química es cosa de los electrones más externos. De ellos dependen los enlaces, las reacciones, los colores y hasta la forma de la tabla periódica.
Por eso interesa saber con precisión dónde está cada electrón y qué energía tiene. Y para eso Bohr se quedaba corto.
Lo que ya sabes: 2n²
De la ESO vienes con una regla: en el nivel n caben 2n² electrones. Son 2 en el primero, 8 en el segundo, 18 en el tercero y 32 en el cuarto.
2n² es lo que cabe en un nivel, no el orden en que se llena. En el nivel 3 caben 18 electrones, y el argón se para en 8: el electrón siguiente ya va al nivel 4.
Y otra cosa: los niveles no son capas de cebolla, son valores de energía. De dónde sale el 2n² se ve en el bloque siguiente.
Cada vez que se miraba mejor, aparecían más rayas
Con el modelo de Bohr, cada salto entre dos niveles da una raya. Pero cada vez que alguien miraba un espectro con un aparato mejor, aparecían rayas de más.
Lo que predice Bohr: una raya
n Bohr, 1913
Con un espectroscopio mejor: varias, muy juntas
l la estructura fina
Dentro de un imán: se parte en varias
m el efecto Zeeman
Y a veces: en un número par
s el espín
Cada tanda de rayas nuevas obligó a añadir un número al electrón. Al final hicieron falta cuatro, como en una dirección postal: n, l, m y s.
Los números cuánticos no se inventaron: se contaron, mirando rayas. Cada uno aparece porque había una raya que los anteriores no explicaban.
Sommerfeld y el número l
Las órbitas también pueden ser elipses
En 1916, Arnold Sommerfeld amplió el modelo de Bohr. Si las órbitas pueden ser elipses, y no solo circunferencias, un mismo nivel admite varias formas de órbita.
Esas formas tienen energías casi iguales, pero no idénticas. Por eso, donde Bohr predecía una raya, aparecían varias muy juntas.
- l = 2 · d, una circunferencia
- l = 1 · p
- l = 0 · s, la más achatada
- núcleo, en el foco de las tres
Para distinguirlas hace falta un segundo número:
- n, el número principal. Dice a qué distancia está la órbita, y con ella su energía.
- l, el número secundario. Dice cómo de achatada es la órbita.
Sommerfeld formó a ocho premios Nobel, entre ellos Heisenberg y Pauli. A él lo nominaron 84 veces, y no lo ganó nunca.
Por qué s, p, d y f
Las letras no significan nada químico. Son los nombres que los espectroscopistas del siglo XIX pusieron a las series de rayas de los metales alcalinos, por su aspecto:
- s, de sharp. Rayas finas y nítidas.
- p, de principal. La serie más intensa.
- d, de diffuse. Rayas anchas y borrosas.
- f, de fundamental. La última, hallada en 1907 en el infrarrojo.
En 1927, Friedrich Hund unió las letras al número l: l = 0 es s, l = 1 es p, l = 2 es d y l = 3 es f. La raya amarilla del ensayo a la llama es de la serie principal: es la p de los orbitales p.
Zeeman y el número m
Un imán cambia las rayas
En 1896, Pieter Zeeman metió una llama de sodio entre los polos de un electroimán y miró sus rayas D, las amarillas del ensayo a la llama.
Con el imán encendido, las rayas se ensancharon. Al año siguiente, con más resolución, ya se vieron partidas en varias.
El tercer número: m
Si un imán cambia la energía de una órbita, es que la órbita tiene una orientación en el espacio. Y como la raya se parte en unos pocos trozos, y no en infinitos, solo están permitidas unas cuantas.
Ese es el tercer número, m, el número magnético. Dice cómo está orientado el orbital respecto al campo del imán.
Cuántas orientaciones hay depende de l:
- l = 0. m = 0: una sola orientación.
- l = 1. m = −1, 0 o +1: tres orientaciones.
- l = 2. m de −2 a +2: cinco orientaciones.
- l = 3. m de −3 a +3: siete orientaciones.
m va de −l a +l pasando por el 0, así que hay 2l + 1 valores. Guarda este número: en el bloque siguiente dirá cuántas cajas tiene cada subnivel.
El espín
Un desdoblamiento que sobraba
Con n, l y m, cada nivel se parte en un número impar de trozos, 2l + 1. Pero había rayas que se partían en un número par, y eso no había forma de sacarlo con tres números.
En 1922, Otto Stern y Walther Gerlach lanzaron un haz de átomos de plata entre los polos de un imán. El haz no se ensanchó: se partió limpiamente en dos.
Ellos creyeron que estaban viendo la orientación de la órbita. Lo que partía el haz era algo que todavía no se había descubierto.
La «bivalencia» de Pauli
En enero de 1925, Wolfgang Pauli necesitaba un número que solo tuviera dos valores, y no sabía qué era. Lo llamó «una bivalencia no describible clásicamente».
Lo bastante jóvenes para una tontería
En octubre de 1925, dos estudiantes de 24 y 23 años, George Uhlenbeck y Samuel Goudsmit, propusieron qué era: el electrón tiene un momento angular propio, que solo admite dos orientaciones.
Se asustaron y quisieron retirar el artículo, pero su director, Paul Ehrenfest, ya lo había enviado. Les dijo que eran «lo bastante jóvenes como para permitirse una tontería».
Es el cuarto número, el espín, s. Solo puede valer +½ o −½.
El espín no es que el electrón gire sobre sí mismo. Si girara, su superficie iría más rápido que la luz. Es una propiedad del electrón, como su carga, y la flecha con que se dibuja es un signo, no un movimiento.
Los valores permitidos
Los cuatro números, y de dónde salieron
| Número | Valores | Qué fija | Lo que lo delató |
|---|---|---|---|
| n, principal | 1, 2, 3… | El nivel: tamaño y energía | Las rayas del hidrógeno · Bohr, 1913 |
| l, secundario | de 0 a n − 1 | La forma: s, p, d, f | Una raya eran varias · Sommerfeld, 1916 |
| m, magnético | de −l a +l | La orientación | Un imán parte las rayas · Zeeman, 1896 |
| s, de espín | +½ o −½ | El sentido del espín | Se parten en número par · Uhlenbeck y Goudsmit, 1925 |
Cada número depende del anterior: l depende de n, y m depende de l. El espín no depende de ninguno.
En la animación se ven los cuatro seguidos, en el orden en que se descubrieron: cada número nuevo parte en varios los niveles que ya había.
De dónde sale cada número
Los niveles de Bohr, los subniveles de Sommerfeld, el desdoble de Zeeman con un imán y el espín, paso a paso. Avanza con las flechas; los botones enseñan los saltos que dan las rayas, el imán y el paso de la órbita al orbital.
Trabaja: los cuatro números cuánticos
Cuando se piden los números cuánticos de un electrón, se dan todos los valores posibles de m y de s, no uno solo, salvo que el enunciado pida un conjunto. Así los corrige la PAU de Cantabria.
Cómo se razona
Valores permitidos
Ocho cuestiones nuevas en cada ronda: los valores de l de un nivel, los números de un subnivel, qué subniveles existen y en qué nivel aparece cada uno por primera vez.
Trabaja: valores permitidos de los números cuánticos
Pero… ¿existen de verdad las órbitas?
Para dibujar una órbita hay que saber a la vez dónde está el electrón y hacia dónde va. El bloque siguiente cuenta por qué eso no es posible.
05Si un electrón no tiene órbita, ¿cuál es su dirección?
La trayectoria desaparece y queda una zona de probabilidad. Los cuatro números pasan a decir en qué orbital vive el electrón.
Si un electrón no tiene órbita, ¿cuál es su dirección?
La trayectoria desaparece y queda una zona de probabilidad. Los cuatro números pasan a decir en qué orbital vive el electrón.
Con cuatro números, el modelo describía cada electrón con una precisión enorme. Y entonces llegó la pregunta incómoda: ¿existen de verdad las órbitas? Este bloque cuenta la respuesta:
- ¿Existen las órbitas? De Broglie y Heisenberg dejan sin sentido la trayectoria del electrón.
- El orbital. Si no se puede decir dónde está el electrón, sí se puede decir dónde es probable que esté.
- Las formas s y p. Cómo son los orbitales, y cuántos d y f hay.
- De los números a las cajas. De dónde salen las cajas de las configuraciones, y el 2n².
¿Existen las órbitas?
Lo que hace falta para dibujar una órbita
Para dibujar una órbita hay que saber, en cada instante, dos cosas a la vez: dónde está el electrón y hacia dónde va. Una trayectoria es justo eso, posición y velocidad a la vez.
De Broglie, 1924: el electrón también es una onda
En su tesis doctoral, Louis de Broglie propuso algo muy atrevido. Si la luz, que es una onda, se comporta a veces como una partícula, el electrón, que es una partícula, puede comportarse como una onda.
Su longitud de onda depende de su masa y de su velocidad:
λ = hm · v
Una onda no está en un punto: está repartida. Y alrededor del núcleo solo se sostiene si cabe un número entero de veces en la circunferencia.
4 longitudes de onda justas: encaja
El final empalma con el principio: la onda se sostiene, y la órbita está permitida.
3,7 longitudes de onda: no encaja
El final no empalma con el principio: vuelta tras vuelta, la onda se anula a sí misma.
Esa condición se escribe así:
n · λ = 2π · r
Si se sustituye λ por h/(m·v) y se despeja, sale el segundo postulado de Bohr, que ahora ya no hay que aceptar sin más:
m · v · r = n · h2π
El tribunal de su tesis no la entendió del todo. Paul Langevin se la mandó a Einstein, que la apoyó, y a Lorentz le escribió que era «un primer y débil rayo de luz sobre el peor de los enigmas de nuestra física».
Heisenberg, 1927: posición y velocidad no van juntas
En febrero de 1927, mientras Bohr esquiaba en Noruega, Werner Heisenberg escribió el resultado que lo cambió todo: cuanto mejor se conoce la posición de un electrón, peor se conoce su velocidad, y al revés.
Cuando Bohr volvió, no estuvo de acuerdo con cómo lo contaba y le hizo añadir una nota al artículo. Pero el principio era correcto.
Un electrón no tiene a la vez una posición y una velocidad perfectamente definidas. No es que no podamos medirlas por culpa del aparato: es que no las tiene.
La órbita se tacha
ÓRBITANo es que no la veamos: es que no existe.
Si el electrón no tiene a la vez posición y velocidad, no hay ninguna trayectoria que dibujar. La palabra órbita deja de describir algo real.
El orbital
De dónde está a dónde es probable que esté
Si no se puede decir dónde está el electrón, sí se puede decir dónde es probable que esté. En 1926, Erwin Schrödinger escribió una ecuación de ondas para el electrón del átomo.
Ese mismo año, Max Born explicó qué salía de ella: no una trayectoria, sino una probabilidad. Schrödinger rechazó esa lectura de su propia ecuación durante toda su vida.
Orbital: la región del espacio alrededor del núcleo donde la probabilidad de encontrar al electrón es alta, del orden del 90 %.
Compáralo con la órbita: cambia de pestaña y mira cómo se va formando la nube.
Una bolita que recorre un camino fijo: en cada instante sabes dónde está y hacia dónde va.
900 mediciones: cada punto marca dónde apareció el electrón una vez.
El orbital no tiene borde
- La órbita es un camino; el orbital, una zona. No dice por dónde va el electrón, sino dónde es probable encontrarlo.
- No tiene borde. El 90 % es un acuerdo: el electrón puede estar fuera, solo que es poco probable.
Qué se abandona y qué se conserva
En resumen
- La trayectoria del electrón
- La órbita
- Conocer a la vez la posición y la velocidad
- Los niveles de energía
- Los cuatro números cuánticos
- «Un salto es un fotón»
Los cuatro números ya no dicen por dónde va el electrón: dicen en qué orbital está. Es lo que sobrevive del modelo anterior, y por eso merecía la pena contarlos.
¿Esto es de verdad?
Es la pregunta que sale en clase al ver cambiar tanto el dibujo. La respuesta tiene dos partes:
- El dibujo se inventa. Órbita, elipse y nube son formas de imaginar lo que no se ve, y cada una se cambió cuando dejó de encajar con lo que se medía.
- Los números se miden. Salieron de contar rayas en los espectros, y el espín deja su marca en el haz de plata de Stern y Gerlach. En 1926, además, la ecuación de Schrödinger los da sola: solo tiene solución si n es entero, l va de 0 a n − 1 y m de −l a +l. Nadie los metió a mano. El espín sale igual con la ecuación de Dirac, en 1928.
Un modelo no es una foto: es una herramienta para explicar y predecir. En 1922, con su modelo de órbitas, Bohr dijo que el elemento 72 no sería una tierra rara, sino un pariente del circonio. Lo buscaron en minerales de circonio y en 1923 apareció: el hafnio.
Y con esos números se construye tecnología de todos los días:
- La resonancia magnética. Dentro de un imán, los núcleos de hidrógeno del cuerpo tienen dos niveles de espín y saltan entre ellos con ondas de radio.
- El láser. Un fotón hace bajar a otros electrones, que emiten una luz idéntica: fibra óptica, cirugía de la miopía.
- El LED. Su color es la energía del salto, E = h·ν: pantallas y el pulsioxímetro de los hospitales.
- El reloj atómico y el GPS. El segundo se define con un salto del cesio, y un error de una millonésima de segundo son 300 m en el GPS.
Las formas s y p
Esferas y lóbulos
Cada orbital tiene una forma, que depende de l. Los s son esferas. Los p tienen dos lóbulos, y hay tres, uno a lo largo de cada eje del espacio.


s una esfera


px dos lóbulos en el eje x


py en el eje y


pz en el eje z
La superficie de los libros es cómoda para dibujar, pero es un corte: la nube sigue más allá. Los orbitales d son cinco y los f, siete, con formas más complicadas. Este curso no hace falta dibujarlos, pero sí saber cuántos hay.
Gíralos en el simulador, y compara la nube con la órbita de Bohr:
Orbitales en 3D
Elige un orbital del hidrógeno y gíralo: su nube de probabilidad, la superficie que encierra el 90 %, un corte por el centro y la órbita de Bohr para comparar.
Trabaja: orbitales s, p, d y f
De los números a las cajas
Una caja por orientación
El diagrama de cajas que se usa para escribir configuraciones no es un convenio arbitrario. Cada detalle sale de un número cuántico:
- El número de cajas lo dijo el imán. Hay tantas cajas como orientaciones, 2l + 1, y cada caja es un orbital.
- Que quepan dos por caja lo dijo el haz de plata. El espín solo tiene dos valores: una flecha hacia arriba y otra hacia abajo.
En cada caja caben dos electrones, uno con cada valor del espín: una flecha hacia arriba y otra hacia abajo.
Una caja es un orbital, y en una caja caben siempre dos electrones. El subnivel p son tres cajas, no una caja con tres huecos: por eso caben seis.
Y de aquí sale el 2n²
En el nivel n hay n subniveles, porque l va de 0 a n − 1. Sumando sus cajas salen n², y con dos electrones por caja, 2n²:
n subniveles → n² cajas → × 2 = 2n2
La regla de la ESO no hacía falta memorizarla: es una consecuencia de lo que dicen los números cuánticos.
Cómo lo pregunta la PAU
La diferencia entre nivel, subnivel y orbital cae tal cual en la PAU, en preguntas de verdadero o falso.
En julio de 2023 cayó la misma pregunta con otros números, el nivel n = 2 y un orbital 3d. Se razona igual.
¿Por qué no se meten todos los electrones en el 1s?
Ya se sabe cuántos caben en cada caja. En qué orden se llenan lo deciden tres reglas, y son las del bloque siguiente.
06¿Por qué no se meten todos los electrones en el 1s?
Tres reglas deciden en qué caja va cada electrón, y con ellas se escribe la configuración de cualquier átomo.
¿Por qué no se meten todos los electrones en el 1s?
Tres reglas deciden en qué caja va cada electrón, y con ellas se escribe la configuración de cualquier átomo.
El bloque anterior dejó las cajas dibujadas y vacías. Ahora se llenan, y para eso hacen falta tres reglas, una por cada pregunta que hay que contestar:
- Pauli. Cuántos electrones caben en cada caja, y por qué sin esa regla no habría química.
- Mínima energía. Por qué caja se empieza, y por qué el 4s se llena antes que el 3d.
- Hund. Cómo se reparten los electrones dentro de un subnivel.
- Configuración electrónica. El procedimiento en cinco pasos, con tres ejemplos.
- Valencia y desapareados. Qué electrones cuentan, y por qué siempre hay que dibujar las cajas.
Pauli
¿Por qué no están todos en el 1s?
Una pelota cae, un muelle se destensa, el agua corre cuesta abajo: todo tiende a la energía más baja. Y el sitio de menos energía de un átomo es el 1s. Entonces, ¿por qué los 26 electrones del hierro no están todos ahí?
1s26Los 26 electrones del hierro, amontonados en el nivel más bajo. No pasa nunca.
Lo que tiene de verdad es esto:
Fe (Z = 26): 1s² 2s² 2p⁶ 3s² 3p⁶ 4s² 3d⁶
No es que no quepan por tamaño, ni que se repelan. Es que tendrían que repetir los cuatro números cuánticos, y eso no está permitido.
Tres preguntas, tres reglas
Para colocar los electrones hay que contestar tres preguntas distintas, y cada una tiene su regla:
| La pregunta | La regla | Quién y cuándo |
|---|---|---|
| ¿Cuántos electrones caben en cada caja? | Principio de exclusión de Pauli | Pauli, 1925 |
| ¿Por qué caja se empieza? | Principio de mínima energía | Bohr, hacia 1922; el orden, entre 1928 y 1936 |
| ¿Cómo se reparten dentro de un subnivel? | Regla de máxima multiplicidad de Hund | Hund, 1925 |
Dos de las tres son de 1925, el año en que cada electrón pasó a tener cuatro números. La pregunta inmediata fue cómo se reparten.
El principio de exclusión de Pauli
Principio de exclusión de Pauli: en un átomo no puede haber dos electrones con los cuatro números cuánticos iguales.
De ahí sale, contando, cuántos caben en una caja. Dos electrones en la misma caja ya comparten n, l y m. Solo les queda diferenciarse en el cuarto número, s, y el espín solo tiene dos valores.
Por eso en cada caja caben dos electrones, y solo dos, con espines opuestos. No es un capricho: es contar.
Sin Pauli no habría química
Merece la pena pararse en la consecuencia. Si Pauli no tuviera razón:
- Todos los electrones de todos los átomos estarían en el 1s.
- Todos los átomos tendrían por fuera el mismo aspecto: una bolita.
- No habría electrones de valencia, ni enlaces, ni tabla periódica.
Esta asignatura existe porque dos electrones no pueden ser iguales.
Mínima energía
El principio de mínima energía
Principio de mínima energía: los electrones van ocupando primero los orbitales de menor energía.
La idea es de Bohr. Hacia 1922, tres años antes que Pauli, propuso construir los átomos añadiendo los electrones de uno en uno, cada uno en el hueco de menos energía, y con eso explicó la forma de la tabla periódica.
Se conoce como principio de Aufbau, «construcción» en alemán. Era una receta que funcionaba sin saber por qué: la razón de fondo, que no caben más de dos por caja, la dio Pauli.
El orden se rompe en el 4s
Lo natural sería llenar los niveles uno detrás de otro, con todo el nivel 3 antes de empezar el 4:
1s → 2s → 2p → 3s → 3p → 3d → 4s…
Pero no es así. El 4s se llena antes que el 3d, y luego pasa lo mismo más arriba:
1s → 2s → 2p → 3s → 3p → 4s → 3d → 4p
→ 5s → 4d → 5p → 6s → 4f → 5d → 6p
El 5s va antes que el 4d, y el 6s, antes que el 4f y el 5d.
¿Por qué el 4s va antes?
Un electrón 4s está, de media, más lejos del núcleo que uno 3d. Pero pasa una pequeña parte del tiempo muy cerca de él: se cuela por debajo de los electrones de dentro.
Ahí dentro siente casi toda la carga del núcleo, sin electrones que se la tapen, y eso lo estabiliza. El 3d casi no llega a esa zona: en los primeros 100 pm, la probabilidad de encontrar un electrón 4s es más de quince veces la de uno 3d.
Sin la gráfica: la regla n + l
Para no tener que mirar ninguna gráfica, el orden se saca sumando n y l:
4s → n + l = 4 + 0 = 4
3d → n + l = 3 + 2 = 5
Va antes el subnivel con menor n + l. Si empatan, va antes el de menor n. El 3d y el 4p suman 5 los dos, y va antes el 3d.
El diagrama de las diagonales
El diagrama de las diagonales del repaso no es más que esa regla dibujada. Cada flecha une los subniveles que tienen el mismo n + l, y las flechas se recorren en orden: primero la del 1, después la del 2, y así.
El diagrama de Moeller no es de Moeller
En los libros españoles se llama diagrama de Moeller. Pero Moeller no formuló la regla:
| Quién | Cuándo | Qué hizo |
|---|---|---|
| Charles Janet | 1928 | Ingeniero y naturalista francés. Ordena su tabla periódica por n + l, en unos folletos que casi nadie leyó. |
| Erwin Madelung | 1936 | La redescubre por su cuenta, en un apéndice de un libro de matemáticas para físicos. |
| Therald Moeller | 1952 | No formuló la regla: dibujó las flechas en su libro de química inorgánica. |
En inglés se llama regla de Madelung; en Francia y en Rusia, de Klechkovsky, que la justificó en 1951. Lo de Moeller es una costumbre de los libros en español.
Una receta, no una ley
El orden de las diagonales es una receta para ir montando el átomo electrón a electrón, y falla en unos veinte elementos. Los dos que hay que saber son el cromo y el cobre.
Tampoco es la foto de las energías del átomo terminado: cuando un átomo pierde electrones, no los pierde en el orden inverso. Las dos cosas están en el bloque siguiente.
Las excepciones no son fallos del átomo: son fallos de la receta. Las configuraciones reales se miden en los espectros.
Ordena los subniveles
Ocho cuestiones nuevas en cada ronda: ordenar subniveles según se llenan, decidir con n + l cuál de dos va antes y qué subnivel viene después de otro.
Trabaja: principio de mínima energía y regla n + l
Hund
La regla de máxima multiplicidad de Hund
Regla de máxima multiplicidad de Hund: dentro de un mismo subnivel, los electrones se colocan de uno en uno en cajas distintas, con el mismo espín, antes de empezar a emparejarse.
Se llama de máxima multiplicidad porque así el subnivel queda con el mayor número posible de electrones desapareados con el mismo espín.
Carbono, nitrógeno y oxígeno
Se entiende dibujando tres átomos seguidos:
El oxígeno tiene ocho electrones, un número par, y aun así le quedan dos desapareados.
¿Por qué se separan?
La versión corta, que es la que se pide en el examen: para estar lo más lejos posible y repelerse menos.
La versión larga tiene que ver otra vez con Pauli: dos electrones con el mismo espín se mantienen más separados y notan mejor la carga del núcleo. Se estudia en la carrera.
Hund no la dedujo. La sacó de mirar espectros y ver que, de todas las formas posibles de repartir los electrones, la que aparecía siempre era la de más espines paralelos.
Dos ayudantes de Max Born
En Gotinga, Max Born tuvo de primer ayudante a Wolfgang Pauli, de 1921 a 1922, y justo detrás a Friedrich Hund, de 1922 a 1925. Dos de las tres reglas salieron del mismo grupo.
Hund es, además, quien en 1927 unió las letras s, p, d y f a los números.
Configuración electrónica
El procedimiento, en cinco pasos
Con las tres reglas, cualquier configuración se escribe siempre igual y en el mismo orden:
- Contar los electrones. En un átomo neutro, tantos como Z; en un ion, se suman o se restan antes de empezar.
- Llenar en orden, con el diagrama de las diagonales.
- Abreviar con el gas noble anterior entre corchetes, si se pide o si es larga.
- Dibujar las cajas del último subnivel para ver los desapareados. Siempre, aunque no lo pidan.
- Comprobar que la suma de los superíndices da el número de electrones del principio.
En la PAU de Cantabria, la configuración se escribe completa y en orden de llenado. El 3d antes o después del 4s se acepta igual; lo que no se acepta es que falten electrones.
Tres ejemplos, de menos a más
El primero es el procedimiento entero sin ninguna trampa; el segundo, el 4s antes que el 3d; el tercero atraviesa el bloque d entero.
Caja a caja
Para practicarlo con cualquier elemento hasta el kriptón, coloca tú los electrones: te dice si cumples las tres reglas y, si no, cuál incumples.
Rellena las cajas
Elige un elemento y coloca los electrones tocando las cajas. Te dice qué regla incumples y, cuando la configuración es la buena, su abreviada, su capa de valencia y sus desapareados.
Trabaja: las tres reglas de llenado
Valencia y desapareados
La capa de valencia
Electrones de valencia: los que quedan fuera del gas noble anterior, menos los de un subnivel d o f completo cuando ya se ha empezado a llenar el subnivel que va después de él. Ese d o f viene de un bloque anterior y no cuenta. La capa de valencia son los subniveles en los que están.
Es la definición que más fallos da. Según el bloque, la capa de valencia queda así:
- Bloque s (grupos 1 y 2): solo el ns. El calcio, [Ar] 4s², tiene dos electrones de valencia, en el 4s.
- Bloque p (grupos 13 a 18): el ns y el np. El aluminio, 3s² 3p¹, tiene tres, en el 3s y el 3p. El selenio, [Ar] 4s² 3d¹⁰ 4p⁴, tiene seis, en el 4s y el 4p: su 4p ya ha empezado a llenarse, así que el 3d¹⁰ viene del bloque anterior y no cuenta.
- Bloque d (grupos 3 a 12): el ns y el (n − 1)d, esté el d completo o no. El níquel, 4s² 3d⁸, tiene diez, en el 4s y el 3d. El cinc, 4s² 3d¹⁰, tiene doce: su 3d está completo, pero el 4p todavía no ha empezado a llenarse, así que el 3d es el de su propio bloque y cuenta.
Por eso, al dar los electrones de valencia, hay que decir siempre dónde están: el vanadio, 4s² 3d³, y el arsénico, 4s² 4p³, tienen los dos cinco, pero en sitios distintos. La comprobación es inmediata: en los bloques s y d, el número de electrones de valencia es el del grupo; en el bloque p, el grupo menos los 10 del d.
Contar electrones no basta
El oxígeno y el cinc tienen los dos un número par de electrones. Y uno tiene dos desapareados y el otro, ninguno:
Los desapareados no se deducen contando electrones: hay que dibujar las cajas del último subnivel.
Ahora tú
Dos más, para comprobar que el procedimiento sale solo. Inténtalo antes de pulsar.
Configuración y desapareados
Seis cuestiones con elementos nuevos en cada ronda: la configuración completa o abreviada, la capa de valencia y los desapareados, y el camino de vuelta, de la configuración al elemento.
Trabaja: configuración electrónica, capa de valencia y electrones desapareados
¿Por qué un imán atrae a unas sustancias y a otras no?
Las tres reglas sirven para casi todos los átomos. Casi: el cromo y el cobre no las siguen, y cuando un átomo gana o pierde electrones hay que saber cuáles se van. Y los desapareados tienen mucho que ver con los imanes. Es el bloque siguiente.
07¿Por qué un imán atrae a unas sustancias y a otras no?
Dos átomos que no siguen la receta, lo que pasa cuando un átomo gana o pierde electrones, y qué tienen los desapareados que ver con un imán.
¿Por qué un imán atrae a unas sustancias y a otras no?
Dos átomos que no siguen la receta, lo que pasa cuando un átomo gana o pierde electrones, y qué tienen los desapareados que ver con un imán.
Con las tres reglas se escribe la configuración de casi cualquier átomo neutro. Este bloque va con lo que se queda fuera: los átomos que no siguen la receta y lo que pasa cuando un átomo gana o pierde electrones.
- El cromo y el cobre. Las dos excepciones que hay que saber, y cómo se justifican en el examen.
- Configuración de los iones. Por qué el hierro pierde primero los electrones del 4s.
- Especies isoelectrónicas. Distinto elemento, los mismos electrones.
- Paramagnetismo. Qué tienen que ver los electrones desapareados con un imán.
El cromo y el cobre
Una receta con excepciones
El orden de las diagonales falla en unos veinte elementos. Dos hay que saberlos sí o sí: el cromo y el cobre, que están en el cuarto periodo, donde se hacen casi todos los ejercicios.
Los dos hacen lo mismo: lo que se mide tiene un electrón menos en el 4s y uno más en el 3d que lo que da la receta.
Con la configuración real, el cromo tiene seis desapareados, todos con el mismo espín. Es el elemento con más de todo su periodo, más incluso que el manganeso, que tiene cinco.
En el cobre no cambia cuántos desapareados hay, sino dónde está: en la configuración real es el del 4s, y el 3d queda completo. Ese detalle vuelve a salir con los iones.
Ningún electrón salta del 4s al 3d. Son dos configuraciones posibles, y el átomo tiene la de menos energía.
Las que trae el libro
El libro añade cuatro más, un periodo o dos más abajo. Siguen la misma idea y sirven para ver que la receta falla también ahí:
| Elemento | La receta da | Se mide | Qué tiene de particular |
|---|---|---|---|
| Ag plata, 47 | [Kr] 5s² 4d⁹ | [Kr] 5s¹ 4d¹⁰ | El cobre un periodo más abajo: el mismo caso. Un desapareado. |
| Pd paladio, 46 | [Kr] 5s² 4d⁸ | [Kr] 4d¹⁰ | La más llamativa de la tabla: el 5s se queda vacío. Ningún desapareado. |
| Pt platino, 78 | [Xe] 4f¹⁴ 5d⁸ 6s² | [Xe] 4f¹⁴ 5d⁹ 6s¹ | No llega a completar el d: un desapareado en el 5d y otro en el 6s. |
| Au oro, 79 | [Xe] 4f¹⁴ 5d⁹ 6s² | [Xe] 4f¹⁴ 5d¹⁰ 6s¹ | Como el cobre: el d completo y un desapareado, en el 6s. |
Cómo se justifica en el examen
En la PAU se justifica con la estabilidad del subnivel d, y así se puntúa:
El cromo es 4s¹ 3d⁵ porque tener el subnivel 3d semiocupado le da una estabilidad especial, y el cobre es 4s¹ 3d¹⁰ porque tenerlo completo, también.
Pero esa frase sirve para acordarse del resultado, no lo explica. Falla por los dos lados:
- Manganeso, Z = 25: [Ar] 4s² 3d⁵. Tiene el 3d semiocupado y sigue la receta sin ninguna anomalía.
- Niobio, Z = 41: [Kr] 5s¹ 4d⁴. Deja un solo electrón en el 5s, como el cromo, y d⁴ no es ni semiocupado ni completo.
- Wolframio, Z = 74: [Xe] 4f¹⁴ 5d⁴ 6s². Está en el mismo grupo que el cromo y cumple la receta. Si el d semiocupado fuera una ley, también cambiaría.
Lo que pasa de verdad es que en esa zona de la tabla el 4s y el 3d cuestan casi lo mismo, y el resultado sale de un balance tan ajustado que no se puede calcular en Bachillerato.
Estas configuraciones son datos medidos en los espectros. El cromo y el cobre se aprenden, no se deducen.
Configuración de los iones
Ganar o perder electrones
Hasta ahora, átomos neutros: tantos electrones como protones. Un ion cambia el número de electrones, nunca el de protones. El Fe3+ sigue siendo hierro.
Por eso lo primero siempre es contar: carga +2, dos electrones menos; carga −1, uno más.
Los aniones ganan
Los electrones que entran se colocan siguiendo el orden de llenado, como en un átomo más:
Br: [Ar] 4s² 3d¹⁰ 4p⁵
Br⁻: [Ar] 4s² 3d¹⁰ 4p⁶
S: [Ne] 3s² 3p⁴ → S²⁻: [Ne] 3s² 3p⁶
Los dos llegan a la configuración del gas noble siguiente, el kriptón y el argón. Por eso sus aniones tienen la carga que tienen.
Los cationes pierden del nivel más alto
Un catión pierde los electrones del nivel más alto, el de mayor n, no los del último subnivel que se escribió.
En los elementos representativos las dos cosas coinciden:
Na: [Ne] 3s¹ → Na⁺: [Ne]
Al: [Ne] 3s² 3p¹ → Al³⁺: [Ne]
Ca: [Ar] 4s² → Ca²⁺: [Ar]
En los metales de transición no coinciden, y ahí es donde se falla todos los años.
El hierro pierde primero los del 4s
El Fe2+ es [Ar] 3d⁶: se ha ido el 4s entero y el 3d está como estaba. El Fe3+ pierde uno más, ahora del 3d, y queda [Ar] 3d⁵.
[Ar] 4s² 3d⁴El Fe²⁺ quitando «lo último que se llenó». Tendría el 4s ocupado y el 3d a medias: justo al revés.
Llenar no es vaciar
El orden de las diagonales es una receta para ir montando el átomo electrón a electrón. No es la foto de las energías del átomo terminado.
El 4s está por debajo del 3d: se llena antes.
Calcio
El 3d ya está por debajo, pero es compacto: meter ahí otro par cuesta más que ocupar el 4s.
Hierro, átomo neutro
Se han ido los dos del 4s, los de más energía. El 3d no se toca.
Fe2+, el ion
En el potasio y el calcio, el 4s está por debajo del 3d y se llena antes. Del escandio en adelante, en cuanto hay electrones d, el 3d ya está por debajo. Si el 4s sigue ocupado es porque el 3d es pequeño y compacto, y meter ahí más electrones cuesta mucha repulsión.
Al quitar electrones salen los más externos y menos sujetos, que son los del 4s. Y con menos electrones que estorben, el 3d baja todavía más.
El orden en que se llenan los orbitales no es el orden en que se vacían. Los iones 2+ y 3+ de los metales de transición del cuarto periodo nunca tienen electrones 4s.
Con los iones 1+ no siempre se cumple: el Fe+ que se mide en el espectro es [Ar] 4s¹ 3d⁶. Pero los que se preguntan son los 2+ y los 3+.
Quítalos tú, caja a caja
El simulador de las cajas también hace iones. Arranca con el Fe2+: cambia la carga o el elemento y mira qué electrones se van.
Rellena las cajas: iones
El simulador de las cajas con carga: elige un elemento y una carga, coloca o quita electrones y comprueba si la configuración del ion es la buena.
Trabaja: configuración de los iones
Especies isoelectrónicas
Distinto elemento, los mismos electrones
Dos especies son isoelectrónicas si tienen el mismo número de electrones, y por tanto la misma configuración electrónica.
La serie más conocida es la de los diez electrones del neón. Todas son 1s² 2s² 2p⁶:
| Especie | N³⁻ | O²⁻ | F⁻ | Ne | Na⁺ | Mg²⁺ | Al³⁺ |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Protones | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 |
| Electrones | 10 | 10 | 10 | 10 | 10 | 10 | 10 |
Lo único que las distingue es cuántos protones tiran de esos diez electrones. Y eso decide su tamaño: con los mismos electrones, cuantos más protones, más pequeña. Sale en la unidad de la tabla periódica.
La otra serie que aparece mucho es la del argón, con dieciocho: S²⁻, Cl⁻, Ar, K⁺ y Ca²⁺.
La configuración de un gas noble no hace a nadie gas noble
El Na+ es 1s² 2s² 2p⁶, igual que el neón, y sigue siendo sodio: tiene once protones. Lo que sí cambia al perder ese electrón es cómo se comporta: el sodio metálico arde al tocar el agua, y el ion Na+ es el de la sal de mesa.
Paramagnetismo
Cada desapareado, un pequeño imán
Un electrón se comporta como un imán diminuto. Dos emparejados en la misma caja tienen espines opuestos, y sus imanes se anulan. Uno desapareado no tiene con quién anularse.
- Paramagnética: tiene electrones desapareados. Un imán la atrae, débilmente.
- Diamagnética: todos están emparejados. Un imán la repele, muy débilmente.
Para saber si una especie es paramagnética no hay que memorizar nada: se dibujan las cajas y se cuentan los desapareados.
Contar en las cajas
El hierro y sus dos iones son los tres paramagnéticos, y el que más, el Fe3+, con cinco. Con el cobre pasa algo más curioso:
La carga no dice nada. El Fe3+ y el Al3+ tienen la misma, y el primero es paramagnético y el segundo, diamagnético. Lo dicen las cajas.
Oxígeno líquido entre dos imanes
Si se vierte oxígeno líquido entre los polos de un imán potente, no cae: se queda sujeto entre los dos. La molécula de O₂ tiene dos electrones desapareados.
Y eso que su estructura de Lewis, que verás en el enlace químico, tiene todos los electrones emparejados. Es uno de los casos que ese modelo no explica.
¿Y el imán de la nevera?
El paramagnetismo es tan débil que un imán de nevera no lo nota. Si se pega con fuerza al hierro es por otra cosa: el ferromagnetismo.
En el hierro, el cobalto y el níquel, los desapareados de átomos vecinos se alinean entre sí, todos en el mismo sentido, en regiones enteras del metal. Son muchísimos imanes pequeños sumando, y por eso el imán tira tanto. En una sustancia paramagnética, en cambio, cada uno va a su aire.
La respuesta está siempre en los desapareados. Si no hay, la sustancia es diamagnética y el imán la repele tan poco que no se nota; si los hay, es paramagnética y la atrae un poco; y si además se alinean entre átomos vecinos, es ferromagnética y se pega.
Iones y magnetismo
Seis cuestiones con iones nuevos en cada ronda: la configuración de un ion, sus desapareados y si es paramagnético o diamagnético; un ion del que hay que sacar el elemento; y una serie de especies isoelectrónicas.
Trabaja: configuración de los iones, magnetismo y especies isoelectrónicas
Si todos los electrones son iguales, ¿cuál es el último?
Ya sabes escribir la configuración de cualquier átomo o ion. Falta la pregunta que cae en la PAU todos los años: los números cuánticos de un electrón, y si una configuración puede existir. Es el bloque siguiente.
08Si todos los electrones son iguales, ¿cuál es el último?
Cómo se comprueba un conjunto, cómo se clasifica una configuración y cómo se contesta la pregunta del electrón diferenciador.
Si todos los electrones son iguales, ¿cuál es el último?
Cómo se comprueba un conjunto, cómo se clasifica una configuración y cómo se contesta la pregunta del electrón diferenciador.
Todo lo de la unidad acaba en tres preguntas que la PAU de Cantabria hace casi cada año, cambiando solo los números. Este bloque las trabaja una a una, con el método y los errores de siempre por delante.
- ¿Es posible este conjunto? Cómo se comprueba una cuaterna de números cuánticos.
- Fundamental, excitada o prohibida. Cómo se clasifica una configuración, y por qué incumplir Hund no la hace imposible.
- Diferenciador y más externo. Qué electrón se pregunta, y por qué se contesta con valores posibles.
¿Es posible este conjunto?
La pregunta que cae siempre
Los números cuánticos han caído en las diez convocatorias de 2022 a 2026. Casi siempre de una de dos formas: dar un conjunto (n, l, m, s) y preguntar si es posible, o dar un elemento y pedir los números de uno de sus electrones.
El método: comprobar en orden
Cada número depende del anterior, como se vio con los valores permitidos. De ahí sale el método, siempre en este orden:
- ¿Está l entre 0 y n − 1? Si no, imposible: ese orbital no existe. Y l nunca es negativo.
- ¿Está m entre −l y +l? Si no, imposible.
- ¿Vale s +½ o −½? Si es 0, 1 o cualquier otra cosa, imposible.
- Si pasa las tres, el electrón existe, y su orbital se nombra con el número de n y la letra de l.
Se para al primer fallo. Saltarse un paso o cambiar el orden es la forma de que se cuele una regla inventada, como «m va de −n a +n».
Los cuatro errores de siempre
| El error | Por qué se comete | Cómo se evita |
|---|---|---|
| Aceptar l = n: el «2d» | Leer «hasta n» donde dice «hasta n − 1» | l llega hasta n menos uno |
| Creer que m va de −n a +n | Mezclar n y l | m depende de l, no de n |
| Dar s = 0 o s = 1 | Tomar el espín por un contador | El espín nunca vale cero |
| Confundir orbital y subnivel | «¿Cuántos caben en el 3d?» | En un orbital 3d caben dos; en el subnivel 3d, diez |
Un año después cayó la misma pregunta con otros números. Es una plantilla.
¿Es posible el conjunto?
Seis cuaternas nuevas en cada ronda: posibles, imposibles por l, por m o por s, y alguna que falla por dos a la vez. Si es posible, di en qué orbital está el electrón.
Trabaja: el método para comprobar un conjunto de números cuánticos
Fundamental, excitada o prohibida
Tres estados
- Fundamental: el de mínima energía, el que sale de las tres reglas.
- Excitada: puede existir, pero con más energía que la mínima. Algún electrón no está donde le toca: ha subido a un orbital más alto, o se ha emparejado cuando podía ir solo.
- Prohibida: no puede existir de ninguna manera.
Tres preguntas en cascada
Para clasificar una configuración se hacen tres preguntas, siempre en este orden:
- 1¿Usa un orbital que no existe, o mete más electrones de los que caben?sí →Prohibida↓ si no
- 2¿Ha dejado un hueco en un subnivel de abajo?sí →Excitada↓ si no
- 3¿Incumple la regla de Hund dentro de un subnivel?sí →Excitada↓ si no
- FundamentalSi supera las tres preguntas
Para clasificar hay que contar los electrones y dibujar las cajas, no mirar la configuración por encima.
Solo hay tres formas de ser imposible
| La forma | Ejemplos | Por qué |
|---|---|---|
| Más electrones de los que caben | 2s³ · 2p⁷ · 3d¹¹ | Dos de ellos tendrían los cuatro números iguales: incumple el principio de exclusión de Pauli. |
| Un orbital que no existe | 1p · 2d · 3f | l llega hasta n − 1. En el nivel 2 hay 2s y 2p, y nada más. |
| Un número cuántico fuera de rango | m mayor que l · s = 0 | Es la parada anterior: el conjunto no pasa el método. |
La lista es cerrada: si una configuración no cae en ninguna de las tres, puede existir.
Dos configuraciones sospechosas
Incumplir Hund no es imposible
Una configuración que incumple la regla de Hund no está prohibida: está excitada.
El principio de exclusión de Pauli es una ley de la naturaleza: saltársela es imposible. La regla de Hund dice cuál es el reparto de menos energía: saltársela es estar por encima del mínimo, y eso es estar excitado. Es el error conceptual más común del tema.
Existen de verdad: las auroras
Las partículas cargadas que llegan del Sol chocan con los átomos de oxígeno de la alta atmósfera y los dejan excitados. Dos de esos estados tienen los cuatro electrones 2p emparejados: incumplen Hund, y existen.
Al bajar del de 1,97 eV al fundamental, el átomo emite la luz roja de 630 nm. Del de 4,19 eV al de 1,97 eV sale la verde, de 557,7 nm.
El rojo aparece más arriba que el verde. El estado de 1,97 eV tarda casi dos minutos en emitir, y más abajo, donde el aire es más denso, un choque le quita la energía antes.
Antes de decir «excitada» ante un s¹ d⁵ o un s¹ d¹⁰, acuérdate del cromo y del cobre.
Fundamental, excitada o prohibida
Seis configuraciones nuevas en cada ronda: di si es la fundamental, una excitada o una prohibida, por qué, y de qué elemento sería contando los electrones.
Trabaja: la cascada para clasificar una configuración
Escribe una configuración
El simulador de las cajas con la configuración del magnesio excitado ya escrita. Cambia la configuración, pulsa Comprobar y mira si es fundamental, excitada o prohibida.
Trabaja: fundamental, excitada o prohibida
Electrón diferenciador y más externo
Los electrones no llevan matrícula
Todos los electrones son exactamente iguales. En un átomo no hay un electrón «primero» ni uno «último»: hay orbitales ocupados, y no hay manera de señalar uno y decir «ese».
«Los 5 electrones del átomo de boro son indiscernibles (luego no hay un electrón último ni un electrón primero)». Gabino A. Carriedo, Universidad de Oviedo, Anales de Química, 2019.
Y aun así hay que saber contestar la pregunta, porque cae. Hablar del último electrón es una convención, como decir «la primera silla por la izquierda» aunque todas las sillas sean iguales.
La prueba de que es una convención: el «último electrón» (4, 0, 0, +½) es del potasio, [Ar] 4s¹, si en cada caja se coloca primero el +½. Y es del calcio, [Ar] 4s², si se coloca primero el −½.
Los cuatro números no identifican el átomo: lo identifica el convenio. Por eso se contesta con los valores posibles.
Dos electrones que no son el mismo
- Electrón diferenciador: el último que se coloca siguiendo el orden de llenado. Es el que distingue a un elemento del anterior de la tabla.
- Electrón más externo: el que está en el orbital de mayor n. Es el que interviene en la química.
En los elementos de los bloques s y p coinciden siempre. En los metales de transición, no: el llenado acaba en un d, pero el nivel más alto es el del s.
Cómo se contesta
La pregunta llega con dos redacciones, y cada una se contesta de una manera:
| Si pregunta | Se contesta | Ejemplo |
|---|---|---|
| «¿Cuáles son los valores posibles de los números cuánticos de su electrón más externo?» | n y l los fija el orbital; m y s, con todos sus valores | Potasio, [Ar] 4s¹: n = 4, l = 0, m = 0 y s = +½ o −½. Dos conjuntos, y se dan los dos. |
| «Escriba un posible conjunto de números cuánticos para el electrón diferenciador» | Una cuaterna válida, diciendo que hay más | Vanadio, [Ar] 4s² 3d³: por ejemplo (3, 2, 0, +½), uno de los diez posibles. |
«Electrón diferenciador», con ese nombre, está en el enunciado desde junio de 2024 y no ha faltado ni una vez.
Diferenciador y más externo
Cuatro elementos nuevos en cada ronda, con su configuración: en qué subnivel están el diferenciador y el más externo, si coinciden y qué valores puede tomar m.
Trabaja: electrón diferenciador y electrón más externo
El diferenciador del estroncio está en el nivel 5, y el estroncio está en el periodo 5. ¿Casualidad?
Con esto, la estructura atómica está completa. La tabla periódica, leída desde la configuración, es la unidad siguiente.










































